jueves, 6 de octubre de 2011

Grecia y Libia: Estrategias

Las acciones imperiales contra Libia y Grecia deben ser motivo de análisis por parte de la clase trabajadora y campesina del mundo. En esos dos países la estrategia de acumulación de capital camina por distintos rieles; pero, con un mismo destino: la unificación y control de mercados.
En el caso de Grecia el instrumento de lucha imperial contra la clase trabajadora y campesina ha sido el esquema de la deuda externa. Un esquema que se basa en: 1- otorgar exagerados préstamos al Estado a través de la banca internacional con el fin de crear una crisis financiera que le permita apoderarse de fábricas y riquezas; 2- Un sistema político burgués, embriagado con los créditos; 3- un modelo económico basado en la incapacidad de su burguesía para crear riquezas con esos créditos, pero, enriquecida por la reventa de mercancía importadas, 4- un Estado que no tiene otra que aumenta el gasto público no reproductivo y 5- el estímulo a la importación de mercancía provenientes de las burguesías prestatarias. Luego viene la solicitud de pago, la manipulación financiera y el paquete de medidas económicas para “salvar al país”. Como se aprecia es una gran centrífuga financiera para desbancar países y acumular sus activos.
Pero, cuál es la importancia de aplicar este esquema en Grecia? La importancia reside en que Grecia tiene un partido gobernante supuestamente “socialista” y es con esta vitrina (con este mentira) que el imperialismo pretende chantajear y aterrorizar a la clase obrera y campesina de Europa obligándola a escoger entre la ruina y la crisis social que ellos crearon en Grecia o aceptar sumisamente las medidas de “ajuste” unificador de Europa. El imperialismo pretende cambiar la contradicción entre capitalismo o socialismo; por crisis social o “ajuste” globalizador.
En el caso de Libia los objetivos estratégicos determinaron otro esquema de lucha imperial. Ya no se trata de poner a la clase trabajadora en una encrucijada sino de romper la unidad árabe y construir un mercado sin restricciones y con capacidad de compra para la mercancía de los imperios. En Libia el modelo rentista, la forma de distribuir la renta (la estructura del poder) y la esperanza de la unidad árabe que encabezaba este país no permitían concretar el sueño imperialista de un nuevo medio oriente basado en democracias liberales y pueblos divididos. Bajo ese modelo no se puede desarrollar una burguesía que al servicio del imperio legalice un mercado sin frontera ni nacionalidad. De aquí que la estrategia sea otra; la invasión directa. En este otro lado del mundo, el imperio crea la ficción entre el atraso nacional o el “progreso” y el mercado. Así se pretende ocultar la contradicción entre capitalismo imperial versus unidad árabe socialista. Ahora bien, Cuál será el futuro de Latinoamérica, que ya posee democracias liberales, pero que habla de socialismo? Acaso, será la muerte por “enfermedad” de algún Presidente o serán golpes de estado: o será la consabida traición y acomodo.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ideología vs Poder

El socialismo es una bandera que muchos enarbolan cada vez que se produce una crisis del capital. Muchos creen que el desarrollo de muchas manifestaciones populares desembocan automáticamente en socialismo. Sin embargo, la historia ha demostrado que esto no es cierto. El desarrollo de la lucha de clases no necesariamente deviene en socialismo si este no se convierte en antagonismo (en rompimiento) entre la economía capitalista y la economía alternativa: socialista. La lucha de clase política no es suficiente para la transformación de la sociedad.
En este punto, la ideología y el poder luchan: una por desviar la atención sobre la contradicción fundamental y otra por imponerla. La política desplaza el tema de la construcción de la economía alternativa y se convierte ella en el centro de los procesos sociales. Conseguir el poder del Estado y permanecer en él se convierte en un fin en sí mismo, cuando este es sólo un paso táctico para el logro de la suprema felicidad de los seres humanos.
La conquista del poder político permite exacerbar, hacer más sutiles y volver más peligrosas e invisibles las contradicciones de clase. Las banderas del socialismo que hace poco eran discursos aglutinadores de los trabajadores y campesinos ahora se convierten en pesados fardos del cual se quieren librar. El poder produce una adicción que permite que se reediten (o reconstituyan) los intereses de la clase dominante anterior, ahora con nuevas caras. Los maestros del marxismo nos han brindado mucho conocimiento; pero, enseñan poco a los revolucionarios acerca de cómo luchar por el poder entre “revolucionarios”: cómo combatir el poder capitalista (e imperialista) que se enquista en el “nuevo” Estado.
La paciencia, constancia, planificación y continuidad en la estrategia de construcción de la economía socialista es, en muchos casos, apartada por las premuras del poder: por la conveniencia. La ideología muchas veces claudica frente al chantaje “por el poder”, que impone como punto central la permanencia en el poder a toda costa. La economía socialista pasa a un segundo o tercer plano. De esta forma siempre habrá capitalismo.
La Unión Soviética fue un caso en que la economía socialista cedió ante la política y la ideología ante el poder imperial a la usanza zarista. En estos casos la clase trabajadora y campesina cambiaron economía socialista por caudillismo y suprema felicidad por capitalismo de nuevo cuño, que a la postre se convirtió en capitalismo reencauchado. El socialismo no es sólo un nombre, es una estrategia para vivir en paz y feliz, de allí la importancia de definir un conjunto de ideas (ideología) que nos convenzan a trabajadores y campesinos que podemos organizarnos en el combate contra la acumulación de capital, como en Grecia, con la apropiación de todas nuestras fabricas y riquezas: con la creación de riquezas para nosotros, la economía alternativa. Simplificar la lucha de clase al marco político o al discurso demagógico es una estrategia contrarrevolucionaria del Imperialismo capitalista para quebrar la ideología marxista.

Siria: dignidad o reparto

Las amenazas y contra amenazas del 14 de septiembre de 2011 entre el Presidente Ruso y el Primer Ministro Inglés ponen en el tapete el nivel de importancia de Siria para la política imperial occidental en sus esfuerzos de imponer un “nuevo medio oriente”. Los ingleses extorsionan, con descaro a los Rusos, recordándole su cuota parte en la repartición global si éste no permite la rapiña sobre Siria; y Rusia, le riposta que el esquema propuesto por el imperio occidental en Libia no garantiza sus negocios en la región, vista la extorción realizada por el Comité de transición de libia sobre su reconocimiento o la pérdida de sus negocios petrolero en el país.
Tan descarada y agresiva es la confrontación entre los imperios de occidente y oriente para obtener el dominio sobre mercados y/o participación como socio en la nueva globalización, que la toma de posiciones ventajosas en materia militar, acuerdos aduaneros, control de la droga, poder comunicacional para visibilizar o invisibilizar, control sobre la distribución de alimentos y sobre la producción y distribución del petróleo se convierte en ventajas tácticas de presión y extorción frente al oponente. En este sentido, los acuerdos antidroga legalizan y define quien contrala la droga en determinado región y quien está en capacidad de minar la fuerza moral del otro. Los ejercicio de guerra y acuerdo antimisiles son otro tanto de estas tácticas para alinear mercados (países) en cada bando. Evidentemente el petróleo sigue siendo una importante arma de guerra al momento de definir los porcentajes en el reparto de mercados.
Cabe acotar que el imperio occidental se aprecia más estructurado en su estrategia globalizadora dado el papel de dominio que ejerce los Estados Unidos; así como, el de su lugarteniente Alemania. Por su parte, en oriente los imperios Chino, Ruso e Hindú no cuenta con la misma integración dado lo reciente de la conformación de sus burguesías (años 70 y 90) y la poca sinergia entre ellas, el poder de la burocracia estatal que no quiere perder sus privilegios, la cultura y la extensión (y poco desarrollo) de sus mercados domésticos.
Frente a esta rebatiña imperial, dónde se encuentra la esperanza de la clase trabajadora y campesina y cuál debe ser su estrategia? Evidentemente, la esperanza está en nuestras propias manos: en la construcción de una economía socialista para los trabajadores y campesinos. Para ello, lo primero es que nos reconozcamos como iguales, los trabajadores y campesinos del mundo. Y ese reconocimiento nos debe permitir realizar pronunciamientos públicos y conjuntos en rechazo a la rapiña imperial: los trabajadores y campesinos del mundo requerimos de una nueva internacional. En segundo lugar, debemos promover un proyecto socialista común que trace las líneas gruesas para defender nuestros intereses de clase frente a los grupos e intereses imperiales en todos los países. Tanto Siria como Libia, Túnez y Egipto en este momento no los exigen.

Geopolítica: cuentos o verdades

La geopolítica mundial está cambiando en cuanto a la estrategia y los métodos de dominación. La manera de hacer negocios diferencia a los distintos imperios en su multipolaridad distinguiendo entre los más agresivos y estratégicos comunicacionalmente, hasta los más discretos. Y en estos negocios los países pequeños y con ellos la clase trabajadora y campesina del mundo están a la merced (como peones o carne de cañón) en el tablero de ajedrez de la geopolítica mundial.
El mundo aprecia con estupor el manejo financiero de Bancos y Entes de Inversión que ponen en quiebra a trabajadores (como en Estados Unidos) y a países. Algunos de estos países se presentan como vitrina para el mundo de lo que es capaz el imperio (como es el caso de Grecia) y a otros se les somete a fuerza de terrorismo financiero, alineándolos a la política imperial de concentración de capital, como es el caso de España, Italia, Irlanda, y Portugal en Europa.
En el Norte de África y en el Medio Oriente la estrategia de la mancomunidad de imperios occidentales colonialista, ha cambiado como también sus métodos. La estrategia imperial cuenta al menos con cuatro vértices: en primer lugar, se pretende salir de las dictaduras occidentales como las de Egipto y Túnez para dar paso a las democracias liberales. Valiéndose para ello de poderosas contradicciones de clase que existen en el seno de estas sociedades. En segundo lugar, se pretende romper y fraccionar el arabismo; así como, profundizar las diferencias religiosas dentro y fuera del islamismo. Un ejemplo es la invasión a Libia y los ataques a Siria. En tercer lugar, encontramos la redefinición del papel del sionismo en el medio oriente. La contradicción árabe- sionista que tantos beneficios trajo para los imperios de occidente, en materia de recursos naturales y comercio, ya no resulta conveniente para la estrategia de un “nuevo medio oriente” sembrado de democracias liberales. El grado de tolerancia del imperio norteamericano ante el policía Israelí se reduce y la estrategia del imperio le impone al Sionismo ceder su protagonismo en pos de la construcción del modelo liberal. A esto responde es el cambio táctico del imperio en el caso Palestino. En cuarto lugar, la política de dividir y vencer impondrá un mercado común para el mundo árabe e islámico, dirigido por los imperios occidentales, en una suerte de condominio colonial; donde los imperios orientales participen como socios comerciales.
Dentro del sueño imperial de un “nuevo medio oriente” las democracias liberales serán de dos partidos. Ambos plegados a la construcción de una burguesía fiel al imperio, que sólo se diferencien por el nombre.
Pero, y el Pueblo, la clase trabajadora, el panarabismo y el islamismo, qué? Para nosotros la respuesta no es otra que la resistencia, la conciencia, la construcción organizativa y el socialismo. Este es el gran reto frente al caos imperial que quiere arrancar, no sólo la riqueza sino la identidad a los pueblos árabes e islámicos del mundo.

La legalidad vs la justicia

Palestina, Libia, Siria, Grecia y España, ponen en evidencia la contradicción entre la legalidad y la justicia. En estos países se aprecia con claridad, y en toda su plenitud, el papel de las ideologías y su utilidad para justificar la dominación del imperio sobre los pueblos.
Palestina es quizás el país donde el antisemitismo sionista ha desbordado todos los límites de la legalidad imperial. Justificada su ocupación mediante una “resolución” del órgano internacional para la colonización de los pueblos como lo es Organización de las Naciones Unidas Palestina se vio invadida por el racismo, la exclusión y el antisemitismo de los jefes sionistas de Europa y Norteamérica después de la segunda guerra mundial. Un antisemitismo que no distinguió entre árabes musulmanes, árabes judíos o árabes cristianos que vivían pacíficamente y donde todos eran PALESTINOS. En este país la legalidad capitalista se impuso mediante el dinero, las armas y el exterminio. Después llegaron las religiones y las “leyes” para confundirlo todo; así como, para justificarlo todo. Que si es una lucha religiosa, que si la tierra prometida; falso, estamos frente a una invasión financiada por el sionismo y punto.
Libia es otro caso de legalidad capitalista. Cambia la estrategia de dominación y beneficio imperial de norteamericanos, alemanes e ingleses y entonces cambia la legalidad. Libia es una demostración fehaciente de que la base económica del capitalismo y su estrategia de dominación determina y marcan la pauta para la política, la religión y la legalidad. Son estas superestructuras las que justifican (argumentan, repiten y convencen) el estado de dominación del imperio burgués sobre los pueblos trabajadores y campesinos del mundo.
Si esta es la legalidad imperial, dónde está la justicia. Porque, el sistema capitalista nos ideologiza para que creamos y pensemos que su legalidad es igual a justicia: que su “legalidad” es ley divina. Una Resolución de la ONU vale más que la vida de millones de trabajadores y campesinos libios y palestinos. Cabe preguntarse entonces, qué es la justicia? Inclusive podríamos preguntarnos de qué justicia hablamos cuando personas blancas, racistas, republicanas y machistas de la burguesía norteamericana o inglesa se alegran de las masacres sobre los pueblos de Libia, Iraq o Palestina y señalan que eso es “justicia”. Para esta gente (holandeses, alemanes y franceses) los recortes presupuestarios en Grecia y España; así como, la venta de sus riquezas es “justicia”. Señalan a los cuatro vientos que el hambre de los trabajadores y campesinos es “justicia” y lo justifican alegando que dichas medidas son necesarias. Entonces de quién es la justicia y qué se hace con ella. Estas son preguntas que los trabajadores y campesinos del mundo tenemos que contestar juntos y en la práctica. Debemos responder en lo político- organizativo; pero, también y muy especialmente mediante la construcción de una economía socialista para nosotros.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Libia: Conciencia y traición

La guerra de liberación nacional que desarrolla el pueblo Libio nos sigue dejando poderosas enseñanzas a los trabajadores y campesinos del mundo. La primera de las enseñanzas es que el imperio no es amigo de nadie y ninguna negociación “piadosa de nuestros recursos” es suficiente frente a la ambición y las estrategias de mercado. La segundo lección es que estamos solo: es falso que la entrega de nuestras riquezas a nuevos (o viejos) imperios se convierta en paraguas contra el imperio norteamericano. La multipolaridad o la sociedad de los grandes, es el escenario bajo el cual se intercambian países (riquezas naturales) y se negocia la geopolítica mundial.
En tercer lugar, la Organización de las Naciones Unidas es un instrumento imperial para legalizar la colonización y extorsionar a los países del mundo. En esta sala- show los grandes “negocian” comunicacionalmente los restos de soberanías ya negociadas por las transnacionales financieras. Cuarto, las finanzas internacionales de nuestros países son monedas de cambio en manos del imperialismo norteamericano para financiar a sus mercenarios, comprar traiciones e invadir a nuestros propios países.
El pueblo Libio del mismo modo nos enseña que el liderazgo colectivo derrota imperios; pues, el constituye la guerra de guerrillas de los pueblo frente a los batallones del imperio. Aunque, un liderazgo colectivo sin un proyecto político árabe de construcción socialista dificulta la unidad y facilita la traición. Como también facilita la traición la quinta columna que pretenden matar la crítica y la autocrítica del seno de la clase obrera y campesina por mantener una posición “monolítica” tipo foca, oveja o vendedores de alma y pensamiento.
Los pueblos se mantienen por sus ideas y por el grado de creencia en ellas, de allí la política del imperio de aterrorizar a las clases trabajadoras y campesinas con la delincuencia, la droga, el hambre, los medios de comunicación imperial, las armas de destrucción masiva y tantos otros mecanismo de terror.
El imperio sólo puede mantener guerras cortas, sangrientas y aterradoras basadas en bombardeos criminales. En Iraq, se plantaron con bombardeos y fuerzas militares que sustituyeran a los organismos de seguridad y la verdad es que los trabajadores y campesinos siguen batallando y el imperialismo está desesperado: no encuentra la gobernabilidad. En Afganistán, derrumbaron la burocracia estatal y el imperio está desesperado por establecer un mínimo de gobernabilidad para salir de allí corriendo. En Libia quieren lograr que los mercenarios, definidos por ellos como “rebeldes”, sean los que tomen control del aparato militar y Estatal; pero la realidad es que pueblo reconoce las traiciones y a los traidores.
En conclusión, la unidad de liderazgo colectivo entorno al proyecto socialista es la respuesta de los pueblos a las invasiones imperiales. La unidad para el desarrollo endógeno y la profundización de la conciencia nos permite combatir al terror y evitar toda gobernabilidad del imperio norteamericano y sus traidores de turno sobre nuestros pueblos.

sábado, 19 de marzo de 2011

Egipto, Tunez y Libia Geopolítica, lucha de clase e islamismo

Néstor Aponte
21- 03 -2011
http://nestoraponte.blogspot.com/
Los medios de comunicación del imperio Euro- norteamericano han mantenido, en estos primeros meses del 2011, la atención del planeta sobre el mundo árabe. Con ello pretenden “reducir”, intencional y oportunamente, el impacto social (la lucha de clase) que la ejecución de su política económica está generando sobre los trabajadores y campesinos de Europa y Estados Unidos; particularmente, en lo que respecta al desencadenamiento de esta nueva fase de crisis financiera y social que recorre Europa. En este contexto, llama a la reflexión el comportamiento que desarrolla el Gobierno norteamericano (por su carácter histriónico, policíaco y cara visible del imperialismo Euro-norteamericano- sionista) al “pujar por querer cambiar la configuración política” de un mundo árabe que tanto esfuerzo le llevó instaurar.
Sólo debemos recordar que la crisis del mundo árabe se agudiza hacia finales de la segunda guerra mundial luego que el imperio Ingles (con apoyo de los Estado Unidos) impone en la región el Estado sionismo con el propósito de que proteja sus intereses; particularmente, sus intereses en materia de rutas marítimas y petróleo. La imposición del Estado sionista le permite controlar el comercio de mercadería desde oriente; así como, las fuentes y transporte de energía vital (petróleo y gas) para el desarrollo de su país y de Europa. Por otra parte, la imposición del Estado Sionista en la región árabe le permite al imperio anglo- norteamericano resolver el problema de una secta religiosa altamente belicosa y poderosa financieramente que andaba errante por Europa creando problemas económicos y políticos internos en los distintos imperios. Esta defensa a los intereses anglo- norteamericano se da a cambio de la creación, financiamiento y apoyo militar del Estado sionista.
Con las crisis políticas y guerras del medio oriente entre los años 50- 70 del siglo pasado, provocadas y apoyadas por Ingles y Norteamericano, la fuerza política y económica ganada por el Estado sionista le permite consolidarse como gendarme del imperio ingles- norteamericano en la región: le permite constituirse en la manzana de la discordia, en el polo que subvierte la unidad árabe y le impide ser dueños y disponer de sus riquezas. Este planteamiento geopolítico, geoeconómico y geomilitar de carácter neocolonial del imperio anglo- norteamericano fue, intencionalmente, opacado y relegado a un segundo plano cuando, en la estrategia del imperio de borrar sus huellas para imponer su Estado sionista (su gendarme), se vinculó la limpieza étnica (el exterminio de un pueblo) contra el pueblo palestino con la perspectiva religiosa (justificadora de masacres) y se centró el problema no como un asunto neocolonial sino como una guerra religiosa de judío contra árabes musulmanes. A partir de esta perspectiva religiosa (judíos contra árabes) el imperio anglo- americano ha dominado en la región (a través del sionismo) y ha justificado el terrorismo contra el mundo árabe. El beneficio como se dijo ha sido el control de rutas navieras con oriente y disposición de las riquezas naturales del mundo árabe. El costo ha sido financiar a un Estado policial, diezmar poblaciones, aterrorizar a 850 millones de personas (el mundo árabe) y compartir el poder mundial con el sionismo.
Sin embargo, la inestabilidad geopolítica en el mundo árabe, generada por la estabilidad económica del imperialismo anglo- franco- norteamericano, no se ve estabilizada y viabilizada (o controlada por los imperios inglés y norteamericano) hasta que se imponen a los árabes los acuerdos de camp David que reconocían (bajo la filosofía o estrategia de divide, mata y vencerás) la legitimación, poder y dominio del sionismo sobre el mundo árabe. Para ello se toma control sobre la dirección del país símbolo del panarabismo, asesinando a su líder Nasser y anulando a todos los líderes que los seguían en el resto de los países árabes. Los acuerdos de Camp David declaran la derrota político- militar del panarabismo en esta etapa histórica y definen la arquitectura política actual del mundo árabe: son el esquema de dominación y acuerdo inter- neocolonial de los imperios anglo-franco- norteamericano sobre el centro norte de áfrica y oriente medio.
Bajo este contexto, de esfuerzo continuado (por más de 60 años), pareciera raro que el gobierno norteamericano sea el principal impulsor de la salida del poder de quien es su fiel lacayo en su estrategia de dominación sobre el mundo árabe: su esbirro. Pareciera que el ex- gobernante egipcio, después de 20 años, ya no era necesario a los intereses y objetivos del imperio Euro-norteamericano en su labor de dividir los intereses árabes frente al gran agresor Ingles y su gendarme en el medio oriente: el Sionismo. O, será que las contradicciones internas de los países árabes no podían seguir siendo manejadas por los viejos esbirros políticos del imperialismo; en particular, la lucha de clase entre la burguesía egipcia (con el apoyo de las transnacionales) y los trabajadores egipcios.
Aún más, por lo que se ve en los medios de comunicación, parecía que el Estado Anglo-sionista que gobierna la Casa Blanca se pusiera del lado del Pueblo (los trabajadores) egipcio en su lucha de clase contra su propio esbirro e imperio hambreador. Pareciera que el Presidente Obama (el Michael Jackson de la política norteamericana) defendiera más los intereses de los trabajadores egipcios que los intereses de los trabajadores norteamericanos, ahora cada vez más pobres. Sin embargo, tanto “pareciera” nos resulta extraño; más y cuando tanta solicitud de “libertades económicas”, mas no políticas, lo hace la burguesía (europea, norteamericana y sionista) más rancia, poderosa, discriminadora, racista, inescrupulosa y asesina que haya existido en el globo terráqueo.
Un análisis que mescle geopolítica, economía política y lucha de clases nos puede dar algunas luces respecto a la verdadera amenaza que se cierne sobre el mundo árabe y del cual el ex- presidente egipcio sigue siendo una ficha. Egipto, a partir de mediados de los años 70, con la muerte del nacionalismo arábigo que simbolizaba Nasser, se convirtió en el segundo gran aliado del imperialismo anglo-norteamericano en la región y en el lugarteniente del sionismo. El objetivo de esta “alianza” impuesta, como ya se dijo, era estabilizar (dividir) políticamente un mundo árabe que permitiera garantizar en la región los intereses comerciales de ingleses, franceses y norteamericanos, mediante la legitimación del poder y control sionista; y por la otra, contener las fuerzas del panarabismo que pugnaban por una integración geopolítica que le permitiera el ejercicio autónomo de sus riquezas, el control del transporte de mercancías en su región y en consecuencia la unión económica arábiga y en general islámica. Una geopolítica árabe no sumisa a los aliados de la segunda guerra mundial constituía una amenaza importante para el imperio inglés, francés y norteamericano.
Por otra parte, desde el punto de vista económico el mundo islámico representa un mercado cautivo de 850 millones de personas, poco desarrollado desde el punto de vista del intercambio capitalista neocolonial; pero “perfecto” en cuanto a su dimensión para la colocación y comercio de mercancía europea y norteamericana de un imperialismo occidental que realiza esfuerzos para reconstituir productivamente sus economías. Con semejante perspectiva es visto el mercado Latinoamericano, con los tratados de libre comercio; e incluso, negociado con los imperios Ruso y Chino para neutralizar su participación en otras aventuras de conquista como la arábiga.
Bajo este contexto las “libertades económicas”, (más no políticas) clamadas por el Presidente Obama para el mundo árabe marcan el inicio de la estrategia de penetración del capitalismo imperialista sobre las economías islámicas, por una parte, y por la otra, la manipulación de la opinión pública mundial para hacer ver como “lógica” que se estarían “desatando” las fuerzas políticas del islamismo. Fuerzas que le permiten justificar en un futuro cercano dos tipos de terrorismo: por un lado un supuesto terrorismo árabe a escala mundial (planificado y dirigido por el imperio Euro-norteamericano) y por el otro un efectivo y devastador terrorismo de Estado contra los trabajadores y/o funcionarios y campesinos norteamericano y europeos, mesclando lucha de clase con una supuesta “rabia del mundo islámico contra occidente”. Todo este terrorismo de cara a una agudización de la lucha de clase en Europa y Estados Unidos debido a la gran crisis del capitalismo que despoja a los trabajadores y campesinos de sus pertenencias e inclusive medios de subsistencia para entregársela al imperialismo financiero en esta masiva acumulación de capital.
El desarrollo de la circulación capitalista de mercancías en el mercado islámico le permitiría al imperialismo, no sólo, la reactivar las economías euro- norteamericanas; sino, establecer una ofensiva que le permita ganar posiciones frente a la guerra comercial inter imperial con los imperios de oriente. Estos elementos determinan el desarrollo de una nueva dinámica en la geopolítica y en la económica política de la región del norte de áfrica y del medio oriente. Ya no se trata de garantizar, como ocurrió después de la segunda guerra mundial, el control de las fuentes y rutas de tránsito de petróleo y mercadería, del oriente y del oriente medio, mediante una arquitectura del poder que coloque a su gendarme (el sionismo) en una posición de supremacía frente a un humillado mundo árabe. Ahora, finalizando el siglo XX y comenzando del siglo XXI la nueva estrategia del imperialismo occidental para el mundo árabe consiste en penetrar las economías islámicas, a través del mundo árabe, y sustituirla por una economía capitalista (neocolonial) que cumpla varios objetivos estratégico: Primero: desarrollar un mercado para las mercancías euro- norteamericanas, Segundo: controlar directamente las fuentes de energía, Tercero: atacar políticamente y económicamente el islamismo, particularmente IRAN, Cuarto: desarrollar una ofensiva política y comercial contra los imperios Ruso y Chino y Quinto justificar el terrorismo imperial contra sus trabajadores y campesinos alegando la “ira islámica”.
El mundo Islámica no se circunscribe al ámbito religioso y político sino que se extiende y tiene su fundamento en la estructura económica que gobierna el centro- norte de Africa, el mediterraneo (excluyendo a Israel), se conecta con el mundo turco y persa y llega hasta los países que formaron parte de la extinta Unión Sovietica (Kazakhstan, Uzbekistan, entre otros) finalizando en Afganistan, Pakistan y una porción importante de la china comunista. Este mercado, si bien poco homogéneo y muy diferente al capitalismo imperialista, por cuento está adecuado a la realidad económica e ideológica islámica, abre enorme expectativas en el desarrollo económico del imperialismo Occidental e inclusive Oriental. Esta ofensiva, podría convertirse en la piedra angular de la geopolítica Imperialista occidental para amenazar la estructura económica e ideológica islámica de Irán, punto duro del islamismo. Y por otra parte, la región islámica le permite al imperio Occidental negociar este y otros mercado con el imperio Oriental. Como fin último, la ofensiva imperialista Occidental, en el mundo islámico, pretende horadar política y económicamente a los imperios Ruso y Chino.
Combatir la economía islámica es tan crucial y necesario para la economía imperialista de occidente como desvanecer toda esperanza socialista: toda unidad política y económica de los trabajadores del mundo. La diferencia con el socialismo es que los planteamientos colaborativos del islam tienen una base económica e ideológica centrada en la religión que le da una gran estabilidad política. De allí la necesidad de crear un caos y un terror que mine tal estabilidad, de allí la necesidad de satanizar el islam como religión y debilitar la fe de sus creyentes. El debilitamiento de la fe en el islam hace presas fáciles a los creyentes de la cultura de la inconsciencia que promueve y sustenta al capitalismo como modo de dominación mental de los trabajadores y campesinos.
Egipto es el país que tiene la mayor concentración de población árabe. Si bien la lucha de clases no es nueva en ese país, la política económica del imperialismo para Egipto produce por un lado la extraordinaria riqueza de las transnacionales Euro- Norteamericanas y de sus lacayos nacionales y por la otra la miseria, la explotación y la desesperanza del pueblo Egipcio. Resulta pues, extravagante que se pretenda “salir” comunicacionalmente de Alí baba de manera tan diplomática y cortes, arguyendo la búsqueda de “libertades económicas” y se deje a los cuarenta ladrones para garantizar la hegemonía de las transnacionales y el sionismo en la región; así como, la continuación de la explotación del pueblo Egipcio. Estamos frente a una telenovela gatopardiana en la que se juega al “cambio” para manipular el curso terrorista de la nueva estrategia imperialista para el mundo.
Dentro de esta estrategia la manera de iniciar la agresión político- económico sobre los mercados Islámico se justificó ante la opinión pública mundial mediante la teoría de las “epidemia” de revueltas en el mundo árabe. En este sentido se promovieron de manera controlada las contradicciones internas de países como Túnez y Egipto para crear la apariencia del inicio del efecto dominó o epidemia que le permitiera ir incorporando paulatinamente a Yemen, Argelia y el resto de los países arábigos hasta llegar a IRAN como tercera avanzada, para continuar luego hacia Rusia y China. Cabe acotar que todos los países que iniciaron el supuesto efecto dominó son controlados por el imperio Euro norteamericano y sobre los que les resulta fácil manejar (controlar) las contradicciones internas, que ellos mismos provocan con sus políticas neocoloniales, para dar apariencia de cambios sin que se permita el desarrollo de las verdaderas fuerzas de liberación nacional y panarábigas.
La segunda avanzada del imperio Anglo- Franco- Norteamericano ha sido Libia. Aquí la oferta de una jubilación segura y de reyes para sus dignatarios no ha encontrado cabida por la idiosincrasia de su líder y por los fundamentos panarábicos de la historia de ese país. En este caso el despliegue de fuerzas al interior del país ha sido abiertamente apoyada por acciones militares y diplomáticas de los imperios inmiscuidos con el fin deponer no al líder sino deponer la primera gran barrera en su estrategia de dominación para aislar a IRAN y apoderar de todo el mercado islámico.
Sin embargo, aunque libia esté resistiendo el imperio Anglo- Franco- Norteamericano está ejerciendo presión política y milita sobre todo el mundo árabe (sobre los líderes y la clase trabajadora) al obligar que estos mantengan una posición neutral frente a un ataque de esta naturaleza. Con esta acción militar sobre Libia se cae la careta del “efecto domino o epidemia” y se pone al desnudo la ofensiva militar del imperio sobre el mundo árabe. Seguramente, superado este asunto el imperio arremeterá sobre IRAN, el núcleo duro del islam y sus inmensas riquezas petroleras, para iniciar su cuarta fase que es la apertura de los mercados islámicos.
En esta caza de los imperios por el control de las riquezas naturales y de los mercados regionales se circunscriben la lucha imperialista; así como, directa o indirectamente la lucha de clase de los trabajadores contra los imperios. En este momento, la unidad árabe, como unidad de los trabajadores árabes y del mundo son la única herramienta que poseen los trabajadores para combatir la rapiña de los imperios anglo- franco- norteamericano. El mundo islámico debe hacerse consciente de esta amenaza contra su modo de vida y su subsistencia. Los trabajadores deben empujar el carro de la historia hacia la revolución socialista en el mundo árabe e islámico y no permitir que sean tontos útiles en un show gatopardiano para su propia dominación y las de otros países.
Para finalizar, la geopolítica del imperio Occidental en la región árabe permite dibujar cuáles son los valores que comparten los imperios norteamericano, inglés, francés y alemán para realizar estas acciones conjuntas. A todas luces los une la acumulación de riquezas, la explotación de mercados poco desarrollados y su propia subsistencia frente a lucha que sostiene contra los trabajadores y campesinos, empobrecidos y con hambre del mundo. Es la lucha de clase, agudizada por el modelo capitalista imperial norteamericano, la que explica las acciones de terrorismo imperial contra los trabajadores y campesino del mundo, desatadas con motivo de otro de sus actos terrorista, el 11de septiembre del 2001 o las explosiones en Inglaterra y España ese mismo año. Otro elemento que contribuye a que los norteamericanos, ingleses, franceses y alemanes compartan valores comunes es el equilibrio de poder frente a los imperios Ruso y Chino para repartirse los mercados y áreas de influencia del mundo. Como se puede ver la agresión contra el mundo árabe responde a un movimiento dentro de un plan de dominación que refleja un equilibrio de poder en el mundo y el cual debemos combatir como un solo trabajador. Unidad, Unidad y Unidad de los árabes y trabajadores del mundo.
Rechazamos esta agresión de los imperios norteamericano, inglés y francés contra los trabajadores árabes e islámicos porque es una agresión contra la clase obrera mundial. La tarea es fortalecer la unidad árabe, el panarabismo y el islamismo contra la agresión imperial.