jueves, 28 de junio de 2012

Integrando los sistemas financieros en Occidente Reactivando una economía y creando un País


Las crisis financieras se han convertido en armas imperiales para dominar a los países, apropiarse de sus riquezas e “integrarlos” a sus territorios. Los caídos en estas guerras siguen siendo los mismos: obreros y campesinos que pierden su poca calidad de vida. Las burguesías nacionales y los políticos de estos países anexados, como perros domesticados, exprimen al obrero y recogen los despojos del imperio.
Las grandes crisis financieras no terminaron con la crisis Asiática en 1997. Esta crisis fue la antesala de la gran crisis financiera del 2008 y sus consecutivas replicas de los años 2009, 2010, 2011, 2012, que se terminará cuando se haya cumplido con las metas imperiales para estos momentos. Esta crisis a diferencia de las anteriores se produce en los propios centros de poder del sistema financiero internacional: Estados Unidos y la Unión Europea.
La crisis del sistema financiero que se inició a partir del 2008 presenta una naturaleza distinta a las ocurridas en los tiempos anteriores. En América Latina en 1994 y en Asia (1997) el resultado fue la trasferencia, hacia los centros imperiales, de los recursos monetarios, propiedad sobre activos y riquezas naturales de los países expropiados. También dejaron estas crisis una inmensa deuda externa, mucha miseria, desempleo, recortes a los gastos sociales y limitada fuentes de ingresos para los Estados que ya no contaban con sus principales activos.
En la crisis del 2008 el objetivo era otro, aunque el esquema fue el mismo, aumentar la oferta de créditos mucho mas allá de la capacidad (y/o liquidez) de los acreedores, en particular más allá de la capacidad de pago de los trabajadores de Estados Unidos y de los países que constituyen la Unión Europea. En este caso el objetivo principal no era expropiar los activos y riquezas naturales de su propio centro de poder; era la perdida  de la calidad de vida de los trabajadores, a través de la transferencia al sistema financiero de sus ahorros y activos (casa, carros y acciones). Era lograr llevar “legalmente” al trabajador a la miseria. De allí que, el fin es disminuir el costo que estos trabajadores tienen para el capital productivo norteamericano y lograr su sumisión (psicológica) a sueldos y condiciones de vida más bajos. Un obrero y una sociedad más barata, hará la economía norteamericana más “Competitivo” frente a las economías asiáticas.
Esta crisis no solo sirvió para lograr sueldo más bajos “con poco costo social” sino que permitió la quema, a gran escala, de una inmensa cantidad de dinero inorgánico y especulativo en poder de los pequeños y medianos inversionistas; así como la concentración y direccionamiento de los grandes capitales al aparato productivo norteamericano.
Pero, la “crisis” financiera del sistema internacional del 2008 no solo respondió a un problema de re-potenciación de la economía norteamericana; también, incluye la unificación de la estructura financiera, económica y política de la Unión Europea. Esto es, la creación y re- potenciación económica de un nuevo país. De allí, los esfuerzo para imponer la integración del sistema financiero europeo (con los repartos de las cuotas de poder respectivos).
La crisis económica de Europa, con sus altos niveles de desempleo y bajo nivel de inversión a la pequeña burguesía, constituyen la base psicológica para la sumisión de la clase trabajadora y campesina a los planes imperiales de creación del nuevo país; estos dos elementos de terror (crisis financiera y desempleo) sirven de fundamento a la unificación monetaria, política, territorial y social de la “nueva” Europa: de allí que los cambios constitucionales, presupuestarios, fiscales y discriminatorios impuestos a los distintos países de la “antigua” Unión Europa constituyen las políticas públicas del nuevo Estado imperial para tomar control de todo el territorio Europeo. De acuerdo con las visión imperial poco importa la opinión de los trabajadores y campesinos que sufren sus consecuencias. La unidad económica (comercial), política, militar, territorial y social del nuevo Estado es la respuesta del capital imperial norteamericano y europeo a las avanzadas del capital oriental; pero, también es una táctica clave en su estrategia de integración mundial de los capitales (Occidentales y Orientales). El tema de la inmigración árabe islámica a Europa, la crisis étnica en los balcanes (con su perspectiva inmigratoria), el control de la droga en Afganistán y Pakistán; así como el control económico y militar en Asia son meras jugadas dentro del ajedrez geo estratégico del imperio occidental, en el que su sistema financiero, con las crisis provocadas, constituyen la punta de laza de su avanzada imperial por su dominio sobre el mundo.  

Despojo y acumulación El engaño del sistema financiero internacional


Las distintas crisis financieras en la historia reciente han resultado devastadoras para los pueblos del mundo. Sin embargo, cuando alguien pierde suele haber alguien que gana. Pero, ¿Quiénes ganan con estas crisis financieras y qué ganan? La crisis financiera de México en el año 1994 fue la punta del iceberg de una crisis que devastó la calidad de vida de los pueblos de Latinoamérica. El sistema financiero internacional actuó de manera muy simple, con los dólares obtenidos del alza del petróleo, luego de los procesos nacionalizadores de mediados de los años 70, el sistema financiero internacional construyó un esquema de préstamos a los Estado Latinoamericanos que dio vida a la insaciable deuda externa. Esta deuda fue el resultado de un muy bien elaborado esquema de pago de intereses bajo por colocación de depósitos a los países productores de petróleo, otorgamiento masivo de crédito con poco respaldo de los estado receptores de los mismos y, el cobro de deuda con altas tasas de interés. Dentro del esquema se tomó ventaja de los desórdenes burocráticos de los Estados receptores de crédito y de la traición de ciertos altos Funcionarios Públicos. Esta mezcla de condiciones y acciones resultó en un fenómeno de transferencia de recursos nacionales de los países endeudados al sistema financiero internacional (o imperialismo). Proceso de transferencia, que se produjo luego de reducir el gasto social y de inversión productiva en cada País. Este esquema permitió que el sistema financiero internacional tomara control indirecto de las industrias productivas y extractoras de estos Estado endeudados. Control se da a través de sus guardianes (o perros de presa) el Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial. Estos organismos comenzaron a imponer a los Estado, a cambio de mejores condiciones de pago o nuevos préstamos, políticas públicas en materia monetaria, fiscal y des regulación del sistema financiero. Este esquema de apropiación de riquezas se complementó con el llamado consenso de Washington que transfería ya no recursos dinerario sino activos y riquezas de los países deudores. El proceso de apropiación se justificó mediante la reducción del Estado y avalado e implementado  por la llamada tecnocracia. Las políticas públicas “propuestas” por esta tecnocracia indicaban cambiar deuda externa con activos del país, permitir la inversión directa de capital extranjero, des regularizar el sistema financiero, otorgar incentivos tributarios a la capital extranjero; así como, permitir la libre salida de utilidades por dicho capital extranjero.
            En Asía, 1997, el esquema de extracción de riqueza fijado por el sistema financiero internacional no resultó muy distinto. En esta parte del mundo se condicionó el otorgamiento de créditos a las principales economía asiáticas (Tailandia, Indonesia, Malacia, Corea del Sur y Taiwán) con una política de des regulación del sistema financiero (banca, sistema monetario y mercado de valores). Posteriormente, el sistema financiero internacional procedió a colocar créditos a corto plazo (de rápida liquidación) en el banco privado nacional y las grandes corporaciones que, a su vez, colocaron o dispusieron para inversiones de largo plazo. Este esquema se mantuvo el tiempo necesario para crear confianza. Luego, el sistema financiero internacional impuso la política masiva de liquidación de créditos de corto plazo, con lo que se provocó una crisis de liquidez en la región que dificultaba pagar los créditos. Estos créditos sólo se pudieron pagar mediante la venta de activos y acciones al capital internacional a precios irrisorios. El resultado de este esquema fue una deuda externa que siguió transfiriendo recursos al sistema financiero internacional a costa de gasto social e inversión; así como, una apropiación masiva de activos y acciones de la economía asiática por parte del capital imperial.

Estados unidos: un cambio en la geopolítica imperial, El viejo problema de la acumulación de capital y la explotación de mano de obra


En esta etapa del capitalismo, el modelo de acumulación de capital de Estados Unidos y Europa no permite su crecimiento; esto es, de cara al reto de explotar los inmensos mercados de consumo en Asia el modelo de acumulación de capital actual resulta inapropiado. Y la razón de que resulte inapropiado es que el modelo de consumo y de creación de valor de sus economías frena el crecimiento de su acumulación de capital productivo e inclusive amenaza con la descapitalización frente a otros capitales productivo El modelo de consumo de valor (mercancía) en Estados Unidos y Europa se sostiene con el gasto de parte de la renta mundial, la creación de dinero inorgánico y el poco plus valor que se produce en sus propias economías.
El modelo de acumulación de capital de Estado Unidos y Europa, hasta ahora, se había basado en el re- direccionamiento económico de su explotación capitalista desde el campo productivo al campo financiero. Re- orientación que se produjo al sustituir buena parte de la explotación productiva de su mano de obra por la explotación de mano de obra barata en Asia. Este modelo de acumulación de capital significó también controlar, mediante la explotación neo-colonial, la producción (más, no la propiedad) de los recursos naturales del mundo. Y finalmente, significó la explotación intensiva de sus propios (y tradicionales) mercados de consumo. Mercados que fueron explotados a costa de quemar (o gastar) parte de su inmensa y privilegiada renta productiva mundial en subsidios a su aparato militar, su clase trabajadora (clase media) y su derrochadora burguesía.  Pero, también a costa de cambiar una voluminosa cantidad de mercancía (o plus valor) por dinero inorgánico (sin ningún respaldo) que produce su sistema financiero no productivo. Esto es cambiando, papel por valor (por mercancías): un papel que busca su espíritu (su “valor”), su productividad, en la especulación, sin poder lograrlo.
Esta ecuación resulta en una economía que consume más valor de lo que produce; pero, que se sostiene por la forma ventajosa (para ellos) en que se distribuye la renta mundial y el carácter hegemónico de su sistema financiero, su poderoso y costoso aparato militar y su estructura de poder mundial. Sin embargo, en esta etapa del capitalismo su hegemonía sobre el sistema financiero no es suficiente para extorsionar políticamente y mediante crisis financieras a otros capitales como los de china y la India. La debilidad estructural que nace de su modelo de acumulación de capital no le permita tomar por asalto los inmensos mercados de consumo Asiáticos y, a la vez, mantener su modelo rentista del mundo.
El gran consumo de renta productiva mundial por parte del aparato político- militar del Estado imperial, junto a la poca explotación productiva de su mano de obra y los subsidios a su clase trabajadora y campesina marcan el límite al crecimiento de su modelo de acumulación de capital. En este sentido, ell límite al crecimiento del capital productivo de los capitalistas de Estado Unidos y Europa (y de sus respectivos Estados) está dado por dos factores, a saber: el volumen de creación de capital y el nivel de consumo de sus economías.
Una reducción de este consumo se traduce en el fin del “Estado de Bienestar” para la clase trabajadora y campesina de estos países. Un Estado de Bienestar que hasta ahora se había basado en la explotación de la mano de obra de los obreros del resto del mundo y en el robo de las riquezas naturales de otros países.
            Pero, por qué cambiar un modelo de desarrollo capitalista que hasta ahora había funcionado? La respuesta está en el desarrollo mismo del capitalismo. La explotación de los mercados tradicionales por los distintos capitales norteamericanos y europeos implicaba ya: que unos se tragaran a otros y que los roces se volvieran cada vez más violentos. De aquí que ante un antagonismo inter capitalista la mejor salida consiste en explotar de manera conjunta los inmensos mercados emergentes. Esta estrategia de luchar con los capitales de las economías emergentes le permite lograr la “estabilidad” política interna para concentrar y acumular capital entre ellos mismos sin la necesidad de una guerra. Pero, también le permite consolidar una inmensa sociedad mercantil, basada en el reparto de acciones entre socios capitalistas. Esta estrategia de concentración y crecimiento en la acumulación de su capital, también pasa por la “reducción” a un punto “eficiente” el consumo de valor de las economías de Estado Unidos y Europa.
De aquí que la explotación del inmenso mercado de consumo que se abre en Asia implique un cambio en la economía mundial; esto es, un cambio en el modelo de acumulación del capital norteamericano y europeo. Y, la diferencia entre la Asía de hoy la Asia de ayer, que la hace tan apetecida por estos capitales, es su cada vez mejor nivel de desarrollo capitalista, su gran capacidad de compra y su enorme población consumidora (2/3 de la población mundial). Sin embargo Asía es un hueso duro de roer por cuanto el capital asiático explota de manera intensiva (semi- esclava) su mano de obra, de allí que, delante de este capital asiático el hasta ahora eficiente modelo de acumulación de capital de Estado Unidos y Europa resulta insuficiente.
Ahora bien, la explotación de los inmensos mercados de consumo asiáticos pasa por negociar con los imperios económicos hegemónicos de la región (china y la India). Cada cual, con una impresionante capacidad de producción de mercancía a bajísimo costo, agresivo mercadeo e inmensa capacidad para acumular capital y dirigirlo de acuerdo a sus intereses, fuera del control hegemónico de Estado Unidos. Semejante entorno define varias contradicciones. Una es que los  capitales de Estados Unidos, Europa y Japón deben decidir si la estrategia de asalto a las economías emergentes de China, India, el Sudeste Asiático y Brasil pasa por producir y vender mercancías en estos mismos mercados emergentes; pero, haciéndolo bajo las reglas de juego de los gobiernos y capitales de estas economías. O “negociar” internacionalmente de tú a tú con los gobiernos y capitales de estos mercados emergentes sobre la base de la explotación mayoritaria de su propia mano de obra norteamericana, europea y japonesa.
Esta ofensiva en el plano internacional pasa por la manipulación del sistema financiero-monetario, su capacidad para ejercer presión político- militar en la región y su poder económico en los distintos mercados del mundo. Ofensiva que pretende extorsionar a los gobernantes y capitales de China y la India a fin de ceder el control de sus economías a los capitales de Estados Unidos y Europa; o cuando menos compartirlo.
Los hechos demuestran que esta fue la estrategia escogida por los capitales de Estado Unidos y Europa de allí el cambio en su modelo de acumulación de capital, y la presión sobre las economías de china y la india. De allí, la inmensa presencia de china en América Latina y otros mercados del mundo.
Pero, cambiar el modelo de acumulación de capital pasa por invertir mayor capital productivo a sus propias economías; así como, explotar de manera más intensiva su propia mano de obra. Ahora bien, explotar de manera más intensiva la mano de obra del trabajador norteamericano, europeo y japonés significa reducir su costo (el valor de su salario) e intensificar su explotación. Abaratar el costo de producción de mercancías supone también reducir los costos de materia prima.
La mescla correcta de estos tres elementos permiten el cambio en el modelo de acumulación de capital de Estado Unidos y Europa. Circunstancia que pasa por reducir el valor de su moneda, reducir el gasto del Estado (en particular, el gasto social que sirve para subsidiar a la clase trabajadora y campesina) y reducir el volumen de dinero inorgánico (o no productivo) a un nivel que permita reactivar el capital productivo de las economías de Estado Unidos y Europa, volviéndolas competitivo frente a los capitales asiáticos.
Sin embargo, abaratar los costos de producción significa en palabras llanas tirar al foso el modo de vida de los trabajadores norteamericano y europeo: esto es, despidos masivos, disminución del salario de los trabajadores, reducción de los subsidios sociales, eliminación de todo confort, desesperación y perderlo todo. Pues, solo en este estado de desesperación estos trabajadores estarán dispuestos a aceptar un tercio o menos de lo que era su salario hasta ahora y lo harán (sin quejarse) por una explotación más intensiva de su mano de obra. Bajo  este contexto, encaja perfectamente la burbuja financiera de 2008 en Estados Unidos. Burbuja que logró despojar (robar) “legalmente” a una gran cantidad de trabajadores sus casas, carros, viajes y vidas de confort; eso sí, bajo las “reglas legales del juego crediticio” del capitalismo.
La consecuencia de tal robo, o “burbuja financiera”, fue un sencillo, efectivo, rápido, “legal”, “pacífico”, muy lucrativo y oportuno comienzo de la perdida de la calidad de vida del trabajador y aumento del ejército de desempleados. Una pérdida en la calidad de vida de los trabajadores que permitiera de acuerdo a los cálculos capitalistas una más productiva economía norteamericana y Europa: a costa de una inmensa pobreza para la clase trabajadora y campesina de Estados Unidos y Europa.
Por otra parte, este cambio en el modelo de acumulación de capital supone, por un lado, intensificar la aplicación de capitales en las economías de Estado Unidos y Europa y, por otro, hacer más eficiente la inversión de su capital dentro de las economías de china y la india. Elemento que significa optimizar su estrategia de ataque económico dentro de las economías insurgentes de China y la India. De aquí que la estrategia de tomar control “legal” sobre el uso de la tecnología que se utiliza en china y la india redunde en un ataque ofensivo; así como, la manipulación y la presión monetaria sobre estos países.
Estos dos componentes (capital y trabajo) le permiten a las economías norteamericana, europea y japonesa producir en condiciones de costo, tecnología y volúmenes “competitivos” para penetrar en los mercados de consumo de China, India, Brasil y el sudeste asiático.
Sin embargo, la puesta a tono de las economías de Estados Unidos y Europa va acompañada con un esfuerzo (monetario) por aumentar el costo de las mercancías que se producen en Asía y con ella aumentar el costo de la mano de obra de las economías emergentes. Este aumento en el valor de la mano de obra de Asia (china y la india, entre otras) implica un aumento en el poder de compra de sus trabajadores y campesinos que beneficia la adquisición de mercancías norteamericanas, europeas y japonesas. De allí que la extorsión a través del sistema financiero y monetario incluya esfuerzos por internacionalizar el yuan como moneda de cambio mundial (paralelo al dólar); a fin de tomar control sobre la moneda y la economía china, a través de su sistema financiero.
Otras tres estrategias de extorsión del capital norteamericano, europeo y japonés sobre los capitales asiáticos implican: la conformación de bloques económicos en el sudeste asiático que reducen la tradicional influencia de china sobre sus economías, la presión político- militar sobre china y la india y el financiamiento forzado del cambio en el modelo de acumulación de capital y en el modelo político de Europa. Basado este último en la conformación de la Eurozona como un Estado federado con una única dirección económica y política. Todas estas estrategias tienen como objetivo ganar la disposición de los capitales chino e hindú para que participen en la conformación de una sociedad de capitales con los de Estados Unido, Europa y Japón.
Una política de estímulo a la producción nacional de las economías de Estados Unidos y Europa, de “antidoping” selectivo a la mercancía importada de china y la india, entre otras; de aceptación, como parte del intercambio, de una mayor penetración de capital chino en mercados tradicionalmente de Estado Unidos como América Latina, y, finalmente, de un control, ya no sobre la producción sino, sobre las reservas de energía, materia prima, producción y tráfico de droga del mundo le permiten al capital de Estados Unidos, Europa y Japón establecer las condiciones económicas hegemónica de dominio que viabilicen el desarrollo de las superestructuras imperiales en lo Política, Estatal, Cultural, Social e inclusive Militar que garanticen la hegemonía de estos capitales en esta nueva fase imperial de acumulación de capital.
Sin embargo, el establecimiento de esta nueva sociedad imperial no puede terminar como en la primera y segunda guerra mundial, con la ruina de los otros imperios y el reparto del botín. En esta fase imperial del capitalismo esta política económica podría no solo tener un alto costo para la humanidad sino que sería poco eficiente y nada lucrativo. En este sentido, la mejor victoria (según los expertos en guerra) consiste en dejar intacta la economía del vencido y aún más compartir las ganancias con ellos. Esta estrategia supone la explotación sin trabas de los inmensos mercados de consumo ya no de Asia sino del mundo. En esta fase de capitalismo, la victoria, implica la conformación de una sociedad mercantil que permita explotar de manera conjunta (con los capitales orientales) los mercados Asiáticos y del  mundo.
En este sentido, esta nueva sociedad económica imperial (o sociedad mercantil en formación) le da cabida a todos los capitales imperiales del mundo. De allí los esfuerzos para incorporar o integrar a los capitales insurgentes de china, India, Brasil y el sudeste asiático; así como, los capitales que les resultan amigos como los de Israel y Suráfrica o el capitalismo de Estado Ruso que extorsionan mediante el ofrecimiento de financiamiento para su desarrollo capitalista a cambio de alinearse a la geopolítica económica mundial de Estado Unidos y Europa.
El grado de participación en la nueva sociedad imperial se fijará de acuerdo con la inversión de capital de riesgo (en lo económico, social, político y militar) que aporte cada capital para la conformación de la sociedad. A saber, en función del grado de participación en las actividades de confrontación armada y cambios económicos, políticos y sociales que lleva consigo el cambio en el modelo de acumulación de capital de Estados Unidos y Europa.
El grado de alineación, en estos momentos, de los capitales imperiales; así como, la capacidad productiva de sus economías y la mayor o menor apertura de sus mercados al capital norteamericano, europeo y japonés determinará su posición en la nueva estructura que resultará del cambio geopolítico mundial. Esta nueva sociedad mercantil permitirá explotar la riqueza y la mano de obra del mundo de acuerdo a las cuotas de poder que nazcan con la nueva estructura económica y política que dominará al mundo y donde los capitales de Estados Unidos, Europa y Japón ocuparan los puestos de mayor jerarquía.

jueves, 26 de enero de 2012

Estados unidos: guerra o expansionismo hegemónico

La estrategia de inversión de capital en las economías de Norteamérica y Europa (y la desinversión en el este asiático), unida a la disminución en el costo de la mano de obra en sus propios países solo tiene viabilidad si se ejerce un control directo y férreo sobre las reservas de energía y materia prima del mundo y no sólo sobre el control de su producción.
La lucha de los diferentes capitales insurgente de China, India, Brasil, el Sudeste Asiático y Rusia con los capitales tradicionales (y unidos) de Norteamérica, Europa y Japón plantean una contradicción para estos últimos: explotar la mano de obra de estos países insurgentes (como se ha hecho hasta ahora) y vender luego las mercancías en esos mismo mercados insurgentes (en crecimiento) o explotar la mano de obra de sus países (Norteamérica y Europa) y luego vender las mercancías en los mercados de los países insurgentes. En el primer caso, la lucha entre capitales (tradicionales e insurgentes) se plantearía como un asunto de política económica interior de los países insurgentes, por cuanto se trataría de mercancía producida y vendida en el país (de capital extranjero), y en cuanto tal la producción, fijación de precios y estrategia de expansión de mercados estaría condicionada por las citadas políticas económicas internas.
Otro agravante que crea la producción y venta en los países insurgentes sería el debilitamiento del capital norteamericano y europeo frente a los capitales insurgentes, ya que estos últimos en plena expansión, coparían mayores porciones del mercado mundial en razón de los bajos costo, agresiva política de mercadeo y alta rentabilidad de su mercancía, sin posibilidad de expansión para el capital occidental en los “nuevos”  e inmensos mercados insurgentes. Esta estrategia inviabiliza el mantenimiento de la subvención a las clases burguesas, obreras y campesinas de Norteamérica y Europa como beneficiaria de la renta mundial. La consecuencia de esa estrategia obligaría al capital norteamericano y europeo a optar por prácticas antidoping en la importación de mercancías de los países insurgentes, guerras comerciales, la creación de crisis financieras para acumular capital en los países productores (insurgentes), la profundización de prácticas xenofóbicas e inclusive guerras militares de pequeña o mediana intensidad a fin de restablecer el “equilibrio” o hegemonía de este capital en los mercados tradiciones e insurgentes. La citada estrategia de producir y vender en los propios mercados insurgentes reduce toda “influencia” económica y política del capital norteamericano frente a la política interior de los países insurgentes hecho que dificultaría la negociación con estos capitales, por las cuotas de participación en los mercados tradicionales e insurgentes, porque no habría beneficio sobre los qué se pudiera negociar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Estados unidos: el imperialismo como fase superior del capitalismo

Cinco hechos determinan el último cambio en el modelo de desarrollo del capital norteamericano: el fin de la carrera armamentista, el control de los fuentes de suministro de petróleo y agua, la unión de los sistemas financieros de Estados Unidos, Europa y Japón, el desarrollo de las fuerzas productivas (informática, automatización, internet y nuevos sistemas de transporte); así como, el estancamiento del crecimiento del capital en los mercados de consumo existentes, junto a la aparición de nuevos capitales emergentes compitiendo por la renta. Estos cinco hechos afectan la estructura económica del capital norteamericano y lo empujan a explotar ya no la mano de obra sino los mercados de consumo emergentes hasta ahora marginados por: prejuicios políticos, bajo poder adquisitivo de su mano de obra (ahora en aumento), poco nivel de desarrollo capitalista y/o resabios feudalista. De allí la estrategia del capital norteamericano y europeo de explotar inmensos mercados de consumo como los de China, la India, Brasil y el sudeste asiático, cuya clase media se encuentra en franco crecimiento (en cantidad y en poder adquisitivo). Por otra parte, esta estrategia se complementa “promoviendo” “revoluciones democráticas liberales” a fin de imponer políticamente el desarrollo capitalista y reducir a su mínima expresión el feudalismo existente en los citados países; así como, también en los países que integran el norte de África, el Medio Oriente y Asia central. En este sentido, la contradicción se plantea en dos niveles: uno, donde los capitales norteamericano y europeo luchan con los capitales insurgentes para penetrar y controlar, cada vez más, los mercados de estos últimos y, dos, entre el capitalismo y el feudalismo para cambiar el modelo económico y aumentar la capacidad de consumo de los nuevos trabajadores asiáticos e islámicos.
Para explotar estas oportunidades se propone un cambio en el modelo de desarrollo norteamericano y europeo, centrado en la unidad política de estos capitales. Esta unidad permite consolidar un mercado financiero integrado (bajo un solo mando), con una política económica común para los capitales norteamericanos, japonés y europeos, este último, como Estado federado (tipo Estados Unidos). Estos elementos políticos y económicos son utilizados para imponer la disminución del costo de la mano de obra en sus países al punto de llevarla a un monto que permita reactivar y hacer más competitivos sus aparatos productivos frente al de los capitales insurgentes como los de china, la India, Brasil y el sudeste asiático, entre otros. Sin embargo, el cambio en el modelo de desarrollo norteamericano y europeo supone: Primero, la apertura y explotación intensiva de los nuevos mercados de consumo en china, la India y Brasil, para lo cual el tema de la desregulación y la valorización de la moneda es fundamental; Segundo, la creación de mercados, hasta ahora, vistos como fragmentados y atrasados como los del norte de áfrica, medio oriente y oeste de Asia y Tercero, el usufructo de los mecanismo de integración de capitales y mercados regional como los caso de América latina, el sudeste asiático y el sur y centro de áfrica.

martes, 17 de enero de 2012

Estados unidos: alta y bajas del imperialismo

La informática, la automatización, la internet y los modernos sistemas de transporte  marcaron una nueva fase de avance para el capitalismo occidental, tanto en el plano productivo como en el intercambio comercial. Esta tecnología profundizó la división del trabajo a nivel internacional. La  búsqueda de mercados laborales más baratos en Asia, África y América Latina; así como, la cercanía a los puntos de expropiación de las riquezas naturales del mundo definían el criterio para la división del trabajo. A estos elementos se agrega la apertura de los nuevos centros de producción asiáticos al capital occidental, caracterizados por un alto grado de sumisión al desarrollo de las fuerzas productivas de occidente y su manejo eficaz de la lucha de clase a favor del capital. Estos componentes claves, reducían los costos de producción de mercancía y maximizaban la rentabilidad del capital.
La guerra fría también fue el marco de una guerra comercial entre el capital norteamericano,  europeo y japonés que encontró a Estados Unidos en desventaja en razón de los altos costos en su mano de obra y menor calidad de sus productos. Esta desventaja propicio que el capital norteamericano buscara explotar mano de obra más barata, que a la sazón se encontraba en China, la India, Brasil, México, Sudáfrica y el Sudeste Asiático. Esto, a fin de obtener ventajas competitivas frente al capital europeo y japonés; así como, aumentar su renta. Pero, esta estrategia solo se podría lograr a costa de cambiar su modelo de desarrollo: esto es, reducir su economía productiva y re direccionarla al campo de las finanzas y el comercio internacional. En Estados Unidos el esquema de baja producción nacional se ve complementado, en términos de consumo interno, con producción proveniente del extranjero, cuyo capital era mayoritariamente norteamericano. La renta que obtiene el capital norteamericano y que drenaba desde Asía, África y América Latina, garantiza la sostenibilidad del sistema económico occidental; del cual una parte, llega a manos de la clase trabajadora dedicada principalmente al comercio y las finanzas. Por otra parte, el esquema económico en Estados Unidos acentúa la explotación del trabajo intelectual; así como, el desarrollo de un mercado especulativo que se financia con capital inorgánico en virtud de la baja productividad de su economía.
Similar esquema de desarrollo debió seguir Europa para compensar la competitividad que generaba: el capital norteamericano (apoyado en la mano de obra asiática), el capital japonés y los capitales internos de Europa. Estos últimos, con sus alianzas individuales con el capital asiático, la competencia entre sus propios capitales productivo y financiero; así como, la competencia interna basada en menor costo de mano de obra por país y más avanzada tecnología.   
El abaratamiento  en los costos de producción de mercancías y el aumento de la rentabilidad del capital Norteamericano y Europeo pronto mostró su cara adversa a sus creadores. Economías como China y la India aprovecharon la estrategia del capital internacional de explotar su mano de obra a fin de desarrollar su atrasado aparato productivo para luego  competir con el propio capital norteamericano y europeo. La competencia entre los capitales de China, la India, Brasil, México, Sudáfrica y el Sudeste Asiático con los capitales norteamericano y europeo por la conquista de mayores porciones de mercado puso el acento en el costo de producción de mercancía y, en consecuencia, en el costo de su mano de obra. El añorado paraíso de la rentabilidad del capital occidental ahora se convertía en el peligroso enemigo que contaba con un gigantesco aparato productivo de punta, una mano de obra (semi esclava) con la cual no se podía competir, una capacidad de mercadeo articulada y poderosa y un consumo interno mínimo. Estos elementos hacen insostenible la estrategia de desarrollo de Estado Unidos y Europa. De allí el nuevo cambio en el modelo de desarrollo del capital norteamericano y europeo que se orienta a reactivar sus economías, unificando su finanzas y su política económica; así como, optimizando (o bajado el costo de) su mano de obra. Este cambio estratégico tiene como objeto explotar los inmensos mercados de China, la India, Brasil, México, Sudáfrica y el Sudeste Asiático hasta ahora con un consumo interno mínimo. Para hacer estos cambios el capital norteamericano y europeo impone una nueva composición del poder mundial donde participen en la acumulación mundial de capital además de ellos China, la India, Rusia, Brasil y el sudeste asiático. El plácet para entrar en este nuevo estado imperial consiste en financiar los cambios estratégicos de Norteamérica y Europa; así como, abrir sus mercados y apoyar la conformación de nuevos mercados en el norte de África, el medio oriente, entre otros.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Estados unidos: segunda etapa imperialista

La guerra fría permitió el desarrollo de dos tipos de expansionismos imperiales, uno basado en la alianza de las burguesías liberales encabezada por Estados Unidos y otro expansionismo basado en el capitalismo de Estado desarrollado por la Unión Soviética y china.
El expansionismo de la burguesía norteamericana les impuso a las burguesías europeas una alianza a fin de equilibrar el intercambio comercial de Europa y Estados Unidos con las economías asiáticas. De allí la necesidad de concebir a Europa como un Estado federado (a la imagen de Estados Unidos) y no como un grupo de países con diferentes políticas económicas, que responden cada uno a los intereses particulares de sus burguesías nacionales. Esta alianza se concretó a través de la consolidación de un sistema financiero internacional compartido entre las grandes burguesías financieras norteamericanas y europeas. Donde sus poderosas entidades de inversión le permiten chantajear a las burguesías de otros mercados mediante la creación a conveniencia de crisis financieras regionales o locales.
El capitalismo de Estado desarrollado en la Unión Soviética explotaba de manera centralizada la mano de obra del país de acuerdo a los intereses de la élite burocrática. Este esquema se mantuvo bajo la férrea unidad imperial que lideraba Stalin. Sin embargo, a su muerte no se pudo recomponer un liderazgo con la ferocidad necesaria para centralizar el poder dentro y fuera de la Unión soviética. La imposibilidad de crear relaciones de producción comunista a partir de un capitalismo de Estado generaron superestructuras que reflejaban esta contradicción y que a fin de cuenta develaban su base económica: semi- feudal y semi- capitalista, con poco desarrollo de sus fuerzas productivas. Cuando los norteamericanos se percataron de tan simple realidad cambiaron su estrategia de insistir en guerra fría y permitieron que se desarrollaran las contradicciones internas de la Unión soviética con el fin de que ellas la destruyeran.
Otro tanto ocurría en china. Muerto Mao Zedong, los nuevos emperadores, ante el atraso de las fuerzas productivas de china proponen como salida capitalismo en sus dos expresiones: capitalismo de mercado y capitalismo de Estado. Bajo este esquema el capitalismo de Estado, dominado por las elites políticas del Partido Comunista, dirigen y controlan al naciente capitalismo de mercado y a la economía semi feudal que se extiende por todo el país. Este entramado económico permitió el desarrollo de su parque industrial a partir de la apertura de su economía al capital productivo occidental. Estrategia que le permitió al partido comunista chino construir una industria manufacturera de grandes proporciones con capacidad para financiar su capitalismo interno, su inmenso Estado semi feudal y posicionarse con fuerzas en los mercados Norteamericano y Europeo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Estados Unidos: las etapas del imperialismo

La segunda guerra mundial vino a resolver la contradicción interna de Estados Unidos en materia de producción y consumo. La burguesía industrial Norteamericana producía más que lo que podía absorber su economía. Situación que terminaba en desempleo y crisis social. De allí que esta burguesía pujara por la expansión internacional como salida a su problema de producción de mercancía y consecuente aumento de rentabilidad.
Su participación en la segunda guerra mundial fue la mejor inversión de la burguesía norteamericana, que vio colocada sus mercancías y expandir su economía, así como, su influencia política y militar a nivel mundial. El resultado de la segunda guerra mundial dejó a los imperios Inglés, francés y Alemán debilitados frente a una Norteamérica con una economía intacta y en plena expansión. Esta situación permitió imponer un esquema que se caracterizó por el otorgamiento de créditos a Europa dirigidos a su reconstrucción, que tenían como fin último la compra de mercancías norteamericanas. Estados Unidos mantenía así su nivel de crecimiento económico con la venta de mercancías a Europa. Sin embargo, la balanza comercial favorable a Norteamérica rápidamente cambio a favor de Europa; y la razón era lo barato de la mano de obra de esta última. La solución a este problema de balanza comercial resultó en la imposición de un sistema financiero internacional basado en el dólar norteamericano, el idioma inglés y cuyo centro financiero estaba en Estados Unidos. Esta imposición fue el resultado del poderío nuclear Norteamericano, la fortaleza de su sistema financiero y el papel beligerante que este tenía frente a la lucha con los soviéticos, en el marco de la guerra fría.
A estos avances imperiales se sumó, la lucha de las transnacionales petroleras por la obtención de mayor rentabilidad. Después de financiar por más de 20 años a la burguesía industrial y Financiera de Estados Unidos y Europa las transnacionales petroleras propiciaron los procesos de nacionalización de la industria petrolera a nivel mundial con fin de mejorar su rentabilidad a costa de los aumentos de los precios del petróleo que resultaran de la lucha entre países productores de petróleo y consumidores.
Los altos precios del petróleo, la fuerte competencia de mercancía proveniente de Europa y Japón en el mercado norteamericano, el alto costo del aparato militar de los Estados Unidos y la apertura económica de china (y el lejano oriente) con su mano de obra semi esclava, permitieron un cambio en el esquema de desarrollo norteamericano que resultó en la fuga de sus capitales hacia el oasis de la rentabilidad. El esquema de desarrollo se basó en la explotación de la renta mundial a través de su centro de transacciones financieras internacionales, su mercado de cambio mundial de mercancías y la explotación de la riqueza y mano de obra productiva del mundo mediante sus transnacionales.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Estados Unidos: mercados y hambre Parte VI (El lejano Oriente)

El lejano oriente con China, Japón y el Sudeste Asiático a la cabeza presenta una importancia clave desde los inicios mismos del capitalismos occidental. La naturaleza feudal, los avances tecnológicos, lo exótico de sus mercancías y la extensión territorial y poblacional; así como, la ideología semi esclavista y sumisa que reproduce esta economía establecen condiciones única para el capitalismo occidental.
La mano de obra del lejano oriente es apetecida por el capitalismo occidental dado sus características particulares para adelantar impresionantes proyectos industriales bajo las pésimas condiciones laborales imperantes en esas primeras etapa del desarrollo capitalista. Esta mano de obra se diferencia de las Europeas y Estadounidense por su extrema sumisión a las ordenes del capitalista, el gran número de niños, mujer y hombres disponible como mano de obra, el bajísimo costo económico y social que representan y su gran resistencia para acometer de manera sostenida trabajos muy pesados de poca preparación.
A los atributos de mano de obra, el lejano oriente agrega una cultura legendaria y sabia que produjo importantes adelantos tecnológicos para la época, el desarrollo de la agricultura y la existencia de un Estado fuertemente centralizado. Lo avanzado de la economía china generó un intenso comercio entre China e Inglaterra que dio vida a la ruta de la seda y resultó en una balanza comercial adversa a esta última. Esta circunstancia fue compensada por Inglaterra mediante la introducción y comercialización en china del opio o su derivado la heroína proveniente de la India su colonia. Esta “mercancía” rápidamente deterioro la sociedad china y se convirtió en una fuente de importante riqueza para la Aristocracia y la naciente Burguesía inglesa, francesa y norteamericana que permitió equilibrar la balanza comercial de Inglaterra.
La Dinamización del desarrollo capitalista de occidente a costa del lejano oriente fue el resultado de dos guerras imperiales o guerras del opio que resultaron en el control del comercio de china.
Por otra parte, paralelo a la situación internacional las contradicciones propias del feudalismo en China crearon las condiciones económicas y sociales en el campesinado (pobreza extrema) para romper con el feudalismo, desarrollar una rápida transición a una etapa capitalista y, posteriormente, concretar con éxito una propuesta de corte socialista de tendencia pro soviética. Esta revolución aunque fuertemente vinculado a la Unión Soviética posteriormente rompen con este dado la dependencia imperial que Stalin exigía. Sin embargo, los avance socialista en la región (Viet Nan, Camboya, Laos, indonesia y Corea) resultaron en guerras de baja intensidad entre los imperios Norteamericano, Inglés, Francés, Japonés y los imperios Soviético y Chino. Estas guerras permitieron definir el reparto territorial del lejano oriente mediante una justificación ideológica que  determinó la hegemonía económica y política de cada grupo de imperios sobre determinados países.

Estados Unidos: mercados y hambre Parte V (África y el Medio Oriente)

Con el fin de la segunda guerra mundial el norte de África y el medio oriente se convierten en ficha clave en la geopolítica mundial Europea dado su carácter de suplidor de recursos energéticos; además de ser la vía de acceso para el comercio con el lejano oriente y sus antiguas colonias. A dicha importancia económica se agrega el reparto de despojos de guerra que en este caso cobró el apoyo económico e influencia política del sionismo en la segunda guerra mundial. El sionismo proveniente de Europa recibía su parte del botín mediante la legalización de la invasión a Palestina y la conformación del Estado sionista.
Esta jugada geopolítica significó por un lado la polarización entre árabes y europeos judíos en la región. Donde los judíos provenientes de Europa desplazaban y colonizaban a los judíos árabes de palestina y arrojaban a los Palestinos de su país. La moneda de cambio para el imperio norteamericano, inglés y francés por ese apoyo fue la constitución de un Estado mercenario en la región, que les permitiera la intervención militar directa o por intermedio de Israel para salvaguardar sus intereses geopolíticos y neocoloniales.
Por otra parte, la polarización “árabe- judío” permitió que las contradicciones entre colonizadores europeos, colonizados árabes y la lucha de clases por la distribución de la renta entre trabajadores, campesinos y señores feudales convertidos en burgueses, no ocupara el lugar central en cada país y en la región. Sin embargo, los niveles de expropiación de recursos naturales por los imperios occidentales y la poca distribución de renta entre los trabajadores y campesinos crearon las condiciones económicas y sociales necesarias para que se plantearan reformas agrarias como en Egipto, se justificara el discurso socialista como estrategia geopolítica para equilibrar la fuerzas imperiales en la región, se desarrollaran posiciones nacionalistas para la defensa de los recursos naturales y se reafirmara el islam como postura religiosa que permitiera aglutinar a los árabes bajo el concepto de justicia y rescate de la identidad.
La imposición por parte de los imperios occidentales de la contradicción “judíos contra árabes” permitió la consolidación de su poder en la región y el desarrollo económico de Europa. Sin embargo, el efecto colateral fue un nacionalismo que prometía extenderse. La respuesta imperial ante la avanzada del nacionalismo en el norte de África y el medio oriente fue el asesinato de líderes como Gamal Abdel Nasser, el aislamiento económico en Libia, la división de los líderes árabes, la compra de conciencia de los señores semi feudales de países petroleros y la constitución de gobiernos dictatoriales pro norteamericanos que garantizaran los intereses en la región. El punto culminante de estos movimientos geopolíticos fue  el acuerdo suscrito en Camp David que dio como resultado la “estabilidad” o dominio norteamericano en la región

Estados unidos: mercados y hambre Parte IV (Europa)

La Europa de pos- guerra de finales de 1945 puso en el tapete las contradicciones propias de las guerras imperiales. Entre ella la principal contradicción fue el reparto de Europa entre los vencedores seguidas del financiamiento de su reconstrucción económica y el destino de su producción; así como, el desarrollo de la lucha de clase y el control de las entradas y salidas de mercancía y fuentes de energía a Europa. La contradicción relativa al reparto de Europa se resolvió dividiendo a Europa de acuerdo al control militar de las partes al finalizar la guerra y sus aspiraciones imperiales previas a la guerra.
Resuelto el asunto del reparto de Europa la reconstrucción económica se convirtió en la principal contradicción. Cada imperio (soviético y aliados con Norteamérica a la cabeza) asumió el reto de reconstrucción económica y política de su porción de Europa de acuerdo al esquema de dependencia que proponía: a saber, capitalismo de Estado o capitalismo monopólico. El esquema de dependencia determinaba también que el destino final de la producción fuera el sistema de distribución estatal soviético o el mercado norteamericano y de la Europa occidental. Este modelo de dependencia generó en el caso norteamericano un balance comercial negativo creado en virtud del desarrollo económico de producción de mercancía Europa y el nivel de consumo de estas mercancías en el mercado norteamericano. Esta contradicción entre las economías occidentales fue resuelta de manera imperial mediante la exacerbación del dinero como fetiche y la hegemonía norteamericana. Esto es, perdiendo el dinero toda vinculación con el antiguo patrón oro e imponiendo al dólar norteamericano como papel de cambio dentro del sistema financiero mundial. La hegemonía del sistema financiero sobre las economías occidentales, como fase superior del capitalismo, le permitió a su dueño norteamericano imponer un sistema económico mundial de explotación de mano de obra y expoliación de recursos naturales que daba por resultado un alto porcentaje de renta mundial en sus manos y otro tanto para sus socios Europeos.
Este esquema de apropiación de la renta mundial permitió el desarrollo de beneficios excedentarios para repartir entre la clase trabajadora y campesina de Estados Unidos y Europa. Estos excedentes impulsaron lo que se dio en llamar el Estado de Bienestar. Por otra parte, el esquema de apropiación de la renta mundial permitió lubricar la lucha de clase dado los beneficios que suponía la clase trabajadora y campesina; así como el desarrollo de una pequeña burguesía que permitía soñar a los trabajadores en una vía para cambiar de la clase social (de ser trabajador a ser burgués). Pero, este esquema también significó el desarrollo de trabajadores con capacidades financieras que pudieran gestionar la renta mundial e detrimento de una economía productiva.
Otro asunto era la entrada y salida de mercancía y fuentes de energía a Europa. América, Africa y Asía tenían vías distintas para accesar a Europa. El comercio con Asía era particularmente difícil dada la existencia del bloque soviético y los volúmenes que se comercian, circunstancia que hacía de importancia estratégica el medio oriente y en particular el canal de Suez

viernes, 11 de noviembre de 2011

Estados unidos: mercados y hambre (Parte III) (América Latina)


En los años 50, 60 y 70 del siglo pasado, Centro y Sur América reflejaba la contradicción de países con economías semi feudales, usufructuadas principalmente por el imperio norteamericano, e incipientes capitalismos nacionales. El desarrollo de estos capitalismos y el suyo propio empujó al imperio norteamericano a un cambio en su política exterior para la región. Viendo mayores ventajas económicas en el capitalismo neo colonial, la sustitución de dictaduras militares, seudo nacionalistas, por democracias liberales resultó ser la salida política más favorable para el desarrollo de su economía imperial y de su hegemonía en la región. Las democracias liberales presentan dos ventajas para el imperio: podían ser más complacientes a la hora de negociar sus recursos naturales y facilitaban el comercio de mercancías norteamericanas en sus capitalismos dependientes. Por otra parte, este tipo de democracias permitía reducir, amortiguar o desviar la lucha de clase entre trabajadores, campesinos e imperialistas por la redistribución de la riqueza nacional, mediante el juego de intereses o la ficción electoral representada en los cambio de gobierno entre partidos políticos de derecha y/o centro derecha.
El cambio de modelo económico y político en la región agudizó las contradicciones entre la economía capitalista y la feudal; así como, entre los trabajadores (ex campesinos) y el capital transnacional expresado en las burguesías nacionales. Estas contradicciones del sistema democrático burgués fueron capitalizados por los movimientos de izquierdas de Centro y Sur América aupados en algunos casos por el oportunismo soviético y en otros por los modelos de lucha y dirección cubano y chino. En esas luchas estos movimientos quedaron atascados en el juego político internacional de los imperios (soviético- norteamericano), en la lucha por el poder (entre, los modelos soviéticos, chinos y cubanos), en la sobrevivencia de procesos “revolucionarios” que devienen en oportunismo “revolucionario” y traición “revolucionaria” hacia estos movimientos. A estas penurias se añadió la falta de una interpretación correcta del momento histórico y, la mezcla de políticas reformistas para el campesinado y los trabajadores Centro y Sur Americanos impulsadas de Washington junto invasiones, intervención y terrorismo imperial por parte de Estados Unidos.
De esta etapa irrumpe la política de los discursos seudo revolucionarios aderezados con oportunismo y traición, que engañan a la clase trabajadora y campesina con la ficción de: capitalismo de Estado igual a “socialismo”. Ficción que se crea ante la inviabilidad económica de construcción de relaciones de producción comunista y la amenaza política que esta significa a su influencia y sobrevivencia política en la región.

Estados unidos: mercados y hambre (Parte II)

El fin de la segunda guerra mundial y el comienzo de la guerra fría produjo un fuerte impacto en la naturaleza de las contradicciones internas de cada uno de los imperios capitalistas y de aquellos autodefinidos socialistas. Pero, también significó cambios en la correlación de fuerzas internacionales.
A los capitalistas les tocó romper con el colonialismo tradicional (en la India y África, entre otros) por un modelo basado en el neocolonialismo económico que propone reducir las contradicciones económicas, políticas sociales con las ex colonias y, paralelamente, hacer más económica y productiva su explotación. Por otra parte, el capitalismo pasa lentamente a una fase superior que lo lleva a romper con la producción económica e impulsar una estructura financiera que facilite y aumente la acumulación de capital. Este esquema permitió el despliegue de nuevas estrategias de explotación de la mano de obra, basado en una división del trabajo internacional que facilitó el desarrollo de países como China, India, Japón, los Tigres Asiáticos, los Dragones menores, Corea del Sur y Brasil.
En el campo del “socialismo” real las contradicciones del capitalismo de Estado entre el zarismo o mandarismo chino y la clase trabajadora derivaron en un burocratismo policíaco asfixiante y en una parálisis económica impulsada sólo por su aparato militar. Este modelo económico lejos de propiciar el socialismo, fomentando relaciones de producción comunista, redujo al capitalismo de Estado a una expresión socialdemócrata de carácter autoritaria. En el plano internacional los aliados se convirtieron en “colonias” obligadas o comprometidas con el juego geopolítico del Kremlin. La lucha de clase promovida por la contradicción interna del socialismo real y por los capitalistas de occidente, fueron reprimidas con: terrorismo policiaco, discursos seudo–socialista y un partido fuertemente comprometido y aterrorizado con el líder de turno.
La inviabilidad del capitalismo de Estado en términos económico y social permitió que los esfuerzos del imperio occidental decretaran su muerte. Y en esta caída los trabajadores y campesinos no participaron por cuanto fueron los grandes ausentes del socialismo real. Otra fue la ruta del imperio chino. Este “comunismo” trazó una estrategia paralela (de convivencia) entre capitalismo salvaje, el capitalismo de Estado (burocrático y policíaco) y un sistema semi feudal donde el señor feudal es el partido y sus burócratas. Esta mezcla, sin embargo, ha permitido viabilizar momentáneamente el capitalismo de Estado chino. Ya la corrupción y la disciplina partidista hacen mella. A esto se agrega una poderosa burguesía china que reproduce su naturaleza y un capitalismo occidental sediento de venganza, de mercado y de capital.

Estados unidos: mercados y hambre (Parte I)


La agresividad y velocidad con que se desarrollan los movimientos geopolíticos de los imperios occidentales, en los últimos años, dicen mucho del tipo de contradicción que enfrentan; así como, de su naturaleza. Las crisis financieras y económicas de Estados Unidos y Europa más parecen un trabajo de parto a una nueva globalización que una crisis estructural que ponga fin al sistema capitalista.
Sobre tales movimientos geopolíticos debemos agudizar el análisis para develar las fuerzas en pugna que fundamentan esta reorganización global y que pujan por romper con el estado actual de contradicción del capital; para, propiciar la conformación de una nueva contradicción.
Con la primera guerra mundial la contradicción principal del capital pasó de la guerra entre las colonias y los países colonialistas a la guerra entre capitales por el reparto de las colonias y antiguos imperios como el otomano y el austro- húngaro. Este período tuvo su desenlace con el reparto de territorios, ocurrido después de la segunda guerra mundial.
Sin embargo, a diferencia de los antiguos repartos de territorios entre los vencedores capitalistas-colonialistas, este contó con una particularidad, uno de los imperios beneficiarios del reparto decía ser socialista. Esta particularidad sirvió de fundamento a una nueva contradicción entre capitales: unos que promovían un capitalismo de “mercado” y otros que postulaban un capitalismo de Estado. Diferencia que se expresaba más por su carácter hegemónico (imperio de la Unión Soviética contra imperio norteamericano) que por su “carácter ideológico”. Sin embargo, el carácter de esta lucha permitió el desarrollo militar, tecnológico y económico de los distintos imperios.
Por otra parte, la contradicción en el plano internacional se impregnaba mutuamente con las contradicciones internas de cada imperio. Este período denominado de guerra fría sirvió de colofón para definir el reparto mundial entre los imperios, basado más en un problema de hegemonía, pero, justificado en diferencias ideológicas. El método de lucha tenías varios niveles de operación: una era la mutua amenaza nuclear; otra, atacar y exterminar potenciales revoluciones pro-capitalistas o pro-socialistas o en su defecto negociar el “exterminio” de estas revoluciones a cambio de prebendas en otras partes del mundo. La lucha de clase de los pueblos y los ascensos revolucionarios no importaban; el punto central eran los intereses del líder de turno y sus juegos geopolíticos de hegemonía en la región. Cambiar una revolución por un vasallaje que le diera hegemonía lo era todo.

jueves, 6 de octubre de 2011

Grecia y Libia: Estrategias

Las acciones imperiales contra Libia y Grecia deben ser motivo de análisis por parte de la clase trabajadora y campesina del mundo. En esos dos países la estrategia de acumulación de capital camina por distintos rieles; pero, con un mismo destino: la unificación y control de mercados.
En el caso de Grecia el instrumento de lucha imperial contra la clase trabajadora y campesina ha sido el esquema de la deuda externa. Un esquema que se basa en: 1- otorgar exagerados préstamos al Estado a través de la banca internacional con el fin de crear una crisis financiera que le permita apoderarse de fábricas y riquezas; 2- Un sistema político burgués, embriagado con los créditos; 3- un modelo económico basado en la incapacidad de su burguesía para crear riquezas con esos créditos, pero, enriquecida por la reventa de mercancía importadas, 4- un Estado que no tiene otra que aumenta el gasto público no reproductivo y 5- el estímulo a la importación de mercancía provenientes de las burguesías prestatarias. Luego viene la solicitud de pago, la manipulación financiera y el paquete de medidas económicas para “salvar al país”. Como se aprecia es una gran centrífuga financiera para desbancar países y acumular sus activos.
Pero, cuál es la importancia de aplicar este esquema en Grecia? La importancia reside en que Grecia tiene un partido gobernante supuestamente “socialista” y es con esta vitrina (con este mentira) que el imperialismo pretende chantajear y aterrorizar a la clase obrera y campesina de Europa obligándola a escoger entre la ruina y la crisis social que ellos crearon en Grecia o aceptar sumisamente las medidas de “ajuste” unificador de Europa. El imperialismo pretende cambiar la contradicción entre capitalismo o socialismo; por crisis social o “ajuste” globalizador.
En el caso de Libia los objetivos estratégicos determinaron otro esquema de lucha imperial. Ya no se trata de poner a la clase trabajadora en una encrucijada sino de romper la unidad árabe y construir un mercado sin restricciones y con capacidad de compra para la mercancía de los imperios. En Libia el modelo rentista, la forma de distribuir la renta (la estructura del poder) y la esperanza de la unidad árabe que encabezaba este país no permitían concretar el sueño imperialista de un nuevo medio oriente basado en democracias liberales y pueblos divididos. Bajo ese modelo no se puede desarrollar una burguesía que al servicio del imperio legalice un mercado sin frontera ni nacionalidad. De aquí que la estrategia sea otra; la invasión directa. En este otro lado del mundo, el imperio crea la ficción entre el atraso nacional o el “progreso” y el mercado. Así se pretende ocultar la contradicción entre capitalismo imperial versus unidad árabe socialista. Ahora bien, Cuál será el futuro de Latinoamérica, que ya posee democracias liberales, pero que habla de socialismo? Acaso, será la muerte por “enfermedad” de algún Presidente o serán golpes de estado: o será la consabida traición y acomodo.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ideología vs Poder

El socialismo es una bandera que muchos enarbolan cada vez que se produce una crisis del capital. Muchos creen que el desarrollo de muchas manifestaciones populares desembocan automáticamente en socialismo. Sin embargo, la historia ha demostrado que esto no es cierto. El desarrollo de la lucha de clases no necesariamente deviene en socialismo si este no se convierte en antagonismo (en rompimiento) entre la economía capitalista y la economía alternativa: socialista. La lucha de clase política no es suficiente para la transformación de la sociedad.
En este punto, la ideología y el poder luchan: una por desviar la atención sobre la contradicción fundamental y otra por imponerla. La política desplaza el tema de la construcción de la economía alternativa y se convierte ella en el centro de los procesos sociales. Conseguir el poder del Estado y permanecer en él se convierte en un fin en sí mismo, cuando este es sólo un paso táctico para el logro de la suprema felicidad de los seres humanos.
La conquista del poder político permite exacerbar, hacer más sutiles y volver más peligrosas e invisibles las contradicciones de clase. Las banderas del socialismo que hace poco eran discursos aglutinadores de los trabajadores y campesinos ahora se convierten en pesados fardos del cual se quieren librar. El poder produce una adicción que permite que se reediten (o reconstituyan) los intereses de la clase dominante anterior, ahora con nuevas caras. Los maestros del marxismo nos han brindado mucho conocimiento; pero, enseñan poco a los revolucionarios acerca de cómo luchar por el poder entre “revolucionarios”: cómo combatir el poder capitalista (e imperialista) que se enquista en el “nuevo” Estado.
La paciencia, constancia, planificación y continuidad en la estrategia de construcción de la economía socialista es, en muchos casos, apartada por las premuras del poder: por la conveniencia. La ideología muchas veces claudica frente al chantaje “por el poder”, que impone como punto central la permanencia en el poder a toda costa. La economía socialista pasa a un segundo o tercer plano. De esta forma siempre habrá capitalismo.
La Unión Soviética fue un caso en que la economía socialista cedió ante la política y la ideología ante el poder imperial a la usanza zarista. En estos casos la clase trabajadora y campesina cambiaron economía socialista por caudillismo y suprema felicidad por capitalismo de nuevo cuño, que a la postre se convirtió en capitalismo reencauchado. El socialismo no es sólo un nombre, es una estrategia para vivir en paz y feliz, de allí la importancia de definir un conjunto de ideas (ideología) que nos convenzan a trabajadores y campesinos que podemos organizarnos en el combate contra la acumulación de capital, como en Grecia, con la apropiación de todas nuestras fabricas y riquezas: con la creación de riquezas para nosotros, la economía alternativa. Simplificar la lucha de clase al marco político o al discurso demagógico es una estrategia contrarrevolucionaria del Imperialismo capitalista para quebrar la ideología marxista.

Siria: dignidad o reparto

Las amenazas y contra amenazas del 14 de septiembre de 2011 entre el Presidente Ruso y el Primer Ministro Inglés ponen en el tapete el nivel de importancia de Siria para la política imperial occidental en sus esfuerzos de imponer un “nuevo medio oriente”. Los ingleses extorsionan, con descaro a los Rusos, recordándole su cuota parte en la repartición global si éste no permite la rapiña sobre Siria; y Rusia, le riposta que el esquema propuesto por el imperio occidental en Libia no garantiza sus negocios en la región, vista la extorción realizada por el Comité de transición de libia sobre su reconocimiento o la pérdida de sus negocios petrolero en el país.
Tan descarada y agresiva es la confrontación entre los imperios de occidente y oriente para obtener el dominio sobre mercados y/o participación como socio en la nueva globalización, que la toma de posiciones ventajosas en materia militar, acuerdos aduaneros, control de la droga, poder comunicacional para visibilizar o invisibilizar, control sobre la distribución de alimentos y sobre la producción y distribución del petróleo se convierte en ventajas tácticas de presión y extorción frente al oponente. En este sentido, los acuerdos antidroga legalizan y define quien contrala la droga en determinado región y quien está en capacidad de minar la fuerza moral del otro. Los ejercicio de guerra y acuerdo antimisiles son otro tanto de estas tácticas para alinear mercados (países) en cada bando. Evidentemente el petróleo sigue siendo una importante arma de guerra al momento de definir los porcentajes en el reparto de mercados.
Cabe acotar que el imperio occidental se aprecia más estructurado en su estrategia globalizadora dado el papel de dominio que ejerce los Estados Unidos; así como, el de su lugarteniente Alemania. Por su parte, en oriente los imperios Chino, Ruso e Hindú no cuenta con la misma integración dado lo reciente de la conformación de sus burguesías (años 70 y 90) y la poca sinergia entre ellas, el poder de la burocracia estatal que no quiere perder sus privilegios, la cultura y la extensión (y poco desarrollo) de sus mercados domésticos.
Frente a esta rebatiña imperial, dónde se encuentra la esperanza de la clase trabajadora y campesina y cuál debe ser su estrategia? Evidentemente, la esperanza está en nuestras propias manos: en la construcción de una economía socialista para los trabajadores y campesinos. Para ello, lo primero es que nos reconozcamos como iguales, los trabajadores y campesinos del mundo. Y ese reconocimiento nos debe permitir realizar pronunciamientos públicos y conjuntos en rechazo a la rapiña imperial: los trabajadores y campesinos del mundo requerimos de una nueva internacional. En segundo lugar, debemos promover un proyecto socialista común que trace las líneas gruesas para defender nuestros intereses de clase frente a los grupos e intereses imperiales en todos los países. Tanto Siria como Libia, Túnez y Egipto en este momento no los exigen.

Geopolítica: cuentos o verdades

La geopolítica mundial está cambiando en cuanto a la estrategia y los métodos de dominación. La manera de hacer negocios diferencia a los distintos imperios en su multipolaridad distinguiendo entre los más agresivos y estratégicos comunicacionalmente, hasta los más discretos. Y en estos negocios los países pequeños y con ellos la clase trabajadora y campesina del mundo están a la merced (como peones o carne de cañón) en el tablero de ajedrez de la geopolítica mundial.
El mundo aprecia con estupor el manejo financiero de Bancos y Entes de Inversión que ponen en quiebra a trabajadores (como en Estados Unidos) y a países. Algunos de estos países se presentan como vitrina para el mundo de lo que es capaz el imperio (como es el caso de Grecia) y a otros se les somete a fuerza de terrorismo financiero, alineándolos a la política imperial de concentración de capital, como es el caso de España, Italia, Irlanda, y Portugal en Europa.
En el Norte de África y en el Medio Oriente la estrategia de la mancomunidad de imperios occidentales colonialista, ha cambiado como también sus métodos. La estrategia imperial cuenta al menos con cuatro vértices: en primer lugar, se pretende salir de las dictaduras occidentales como las de Egipto y Túnez para dar paso a las democracias liberales. Valiéndose para ello de poderosas contradicciones de clase que existen en el seno de estas sociedades. En segundo lugar, se pretende romper y fraccionar el arabismo; así como, profundizar las diferencias religiosas dentro y fuera del islamismo. Un ejemplo es la invasión a Libia y los ataques a Siria. En tercer lugar, encontramos la redefinición del papel del sionismo en el medio oriente. La contradicción árabe- sionista que tantos beneficios trajo para los imperios de occidente, en materia de recursos naturales y comercio, ya no resulta conveniente para la estrategia de un “nuevo medio oriente” sembrado de democracias liberales. El grado de tolerancia del imperio norteamericano ante el policía Israelí se reduce y la estrategia del imperio le impone al Sionismo ceder su protagonismo en pos de la construcción del modelo liberal. A esto responde es el cambio táctico del imperio en el caso Palestino. En cuarto lugar, la política de dividir y vencer impondrá un mercado común para el mundo árabe e islámico, dirigido por los imperios occidentales, en una suerte de condominio colonial; donde los imperios orientales participen como socios comerciales.
Dentro del sueño imperial de un “nuevo medio oriente” las democracias liberales serán de dos partidos. Ambos plegados a la construcción de una burguesía fiel al imperio, que sólo se diferencien por el nombre.
Pero, y el Pueblo, la clase trabajadora, el panarabismo y el islamismo, qué? Para nosotros la respuesta no es otra que la resistencia, la conciencia, la construcción organizativa y el socialismo. Este es el gran reto frente al caos imperial que quiere arrancar, no sólo la riqueza sino la identidad a los pueblos árabes e islámicos del mundo.

La legalidad vs la justicia

Palestina, Libia, Siria, Grecia y España, ponen en evidencia la contradicción entre la legalidad y la justicia. En estos países se aprecia con claridad, y en toda su plenitud, el papel de las ideologías y su utilidad para justificar la dominación del imperio sobre los pueblos.
Palestina es quizás el país donde el antisemitismo sionista ha desbordado todos los límites de la legalidad imperial. Justificada su ocupación mediante una “resolución” del órgano internacional para la colonización de los pueblos como lo es Organización de las Naciones Unidas Palestina se vio invadida por el racismo, la exclusión y el antisemitismo de los jefes sionistas de Europa y Norteamérica después de la segunda guerra mundial. Un antisemitismo que no distinguió entre árabes musulmanes, árabes judíos o árabes cristianos que vivían pacíficamente y donde todos eran PALESTINOS. En este país la legalidad capitalista se impuso mediante el dinero, las armas y el exterminio. Después llegaron las religiones y las “leyes” para confundirlo todo; así como, para justificarlo todo. Que si es una lucha religiosa, que si la tierra prometida; falso, estamos frente a una invasión financiada por el sionismo y punto.
Libia es otro caso de legalidad capitalista. Cambia la estrategia de dominación y beneficio imperial de norteamericanos, alemanes e ingleses y entonces cambia la legalidad. Libia es una demostración fehaciente de que la base económica del capitalismo y su estrategia de dominación determina y marcan la pauta para la política, la religión y la legalidad. Son estas superestructuras las que justifican (argumentan, repiten y convencen) el estado de dominación del imperio burgués sobre los pueblos trabajadores y campesinos del mundo.
Si esta es la legalidad imperial, dónde está la justicia. Porque, el sistema capitalista nos ideologiza para que creamos y pensemos que su legalidad es igual a justicia: que su “legalidad” es ley divina. Una Resolución de la ONU vale más que la vida de millones de trabajadores y campesinos libios y palestinos. Cabe preguntarse entonces, qué es la justicia? Inclusive podríamos preguntarnos de qué justicia hablamos cuando personas blancas, racistas, republicanas y machistas de la burguesía norteamericana o inglesa se alegran de las masacres sobre los pueblos de Libia, Iraq o Palestina y señalan que eso es “justicia”. Para esta gente (holandeses, alemanes y franceses) los recortes presupuestarios en Grecia y España; así como, la venta de sus riquezas es “justicia”. Señalan a los cuatro vientos que el hambre de los trabajadores y campesinos es “justicia” y lo justifican alegando que dichas medidas son necesarias. Entonces de quién es la justicia y qué se hace con ella. Estas son preguntas que los trabajadores y campesinos del mundo tenemos que contestar juntos y en la práctica. Debemos responder en lo político- organizativo; pero, también y muy especialmente mediante la construcción de una economía socialista para nosotros.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Libia: Conciencia y traición

La guerra de liberación nacional que desarrolla el pueblo Libio nos sigue dejando poderosas enseñanzas a los trabajadores y campesinos del mundo. La primera de las enseñanzas es que el imperio no es amigo de nadie y ninguna negociación “piadosa de nuestros recursos” es suficiente frente a la ambición y las estrategias de mercado. La segundo lección es que estamos solo: es falso que la entrega de nuestras riquezas a nuevos (o viejos) imperios se convierta en paraguas contra el imperio norteamericano. La multipolaridad o la sociedad de los grandes, es el escenario bajo el cual se intercambian países (riquezas naturales) y se negocia la geopolítica mundial.
En tercer lugar, la Organización de las Naciones Unidas es un instrumento imperial para legalizar la colonización y extorsionar a los países del mundo. En esta sala- show los grandes “negocian” comunicacionalmente los restos de soberanías ya negociadas por las transnacionales financieras. Cuarto, las finanzas internacionales de nuestros países son monedas de cambio en manos del imperialismo norteamericano para financiar a sus mercenarios, comprar traiciones e invadir a nuestros propios países.
El pueblo Libio del mismo modo nos enseña que el liderazgo colectivo derrota imperios; pues, el constituye la guerra de guerrillas de los pueblo frente a los batallones del imperio. Aunque, un liderazgo colectivo sin un proyecto político árabe de construcción socialista dificulta la unidad y facilita la traición. Como también facilita la traición la quinta columna que pretenden matar la crítica y la autocrítica del seno de la clase obrera y campesina por mantener una posición “monolítica” tipo foca, oveja o vendedores de alma y pensamiento.
Los pueblos se mantienen por sus ideas y por el grado de creencia en ellas, de allí la política del imperio de aterrorizar a las clases trabajadoras y campesinas con la delincuencia, la droga, el hambre, los medios de comunicación imperial, las armas de destrucción masiva y tantos otros mecanismo de terror.
El imperio sólo puede mantener guerras cortas, sangrientas y aterradoras basadas en bombardeos criminales. En Iraq, se plantaron con bombardeos y fuerzas militares que sustituyeran a los organismos de seguridad y la verdad es que los trabajadores y campesinos siguen batallando y el imperialismo está desesperado: no encuentra la gobernabilidad. En Afganistán, derrumbaron la burocracia estatal y el imperio está desesperado por establecer un mínimo de gobernabilidad para salir de allí corriendo. En Libia quieren lograr que los mercenarios, definidos por ellos como “rebeldes”, sean los que tomen control del aparato militar y Estatal; pero la realidad es que pueblo reconoce las traiciones y a los traidores.
En conclusión, la unidad de liderazgo colectivo entorno al proyecto socialista es la respuesta de los pueblos a las invasiones imperiales. La unidad para el desarrollo endógeno y la profundización de la conciencia nos permite combatir al terror y evitar toda gobernabilidad del imperio norteamericano y sus traidores de turno sobre nuestros pueblos.